Cuando Stevie Wonder cumplió 21 años, su contrato con Motown expiró automáticamente. Lo que negoció para renovarlo tenía 120 páginas y le daba control creativo total sobre su obra. Era 1971, y Berry Gordy —el fundador del sello— ya había intentado frenar a Marvin Gaye cuando este quiso publicar un disco de soul con contenido político. Gordy cedió entonces. Wonder tomó nota.
Ese mismo año, en el fin de semana del Día de los Caídos, Wonder se presentó sin previo aviso en el estudio de Malcolm Cecil y Robert Margouleff, dos técnicos que habían construido a mano un sintetizador modular del tamaño de una habitación al que llamaban TONTO. Wonder llegó con el disco de ellos bajo el brazo. Puso las manos sobre el instrumento e intentó tocar un acorde. El sintetizador solo producía una nota a la vez. «¿Qué le pasa a este instrumento?», preguntó. Cuando le explicaron cómo funcionaba, según Margouleff, «lo entendió en un segundo. Empezamos a grabar ese fin de semana: unas quince o dieciséis canciones. Nos volvimos completamente locos».
Dos años después, en una sesión de tres horas el 12 de mayo de 1973, Wonder escribió y grabó Higher Ground: una canción sobre el karma y la reencarnación, sobre volver. Semanas más tarde, el 3 de agosto, salió Innervisions. Tres días después, Wonder viajaba dormido en el asiento delantero de un coche en Carolina del Norte cuando el vehículo chocó contra la parte trasera de un camión. Llegó inconsciente al hospital con contusiones cerebrales graves. Su cabeza, según declaró su director de gira Ira Tucker, estaba hinchada unas cinco veces su tamaño normal.
Tucker entró en la habitación y cantó Higher Ground directamente al oído de Wonder, tan fuerte como pudo. Tras unos compases, los dedos de Wonder comenzaron a moverse siguiendo el ritmo.
Fue la primera señal. Cuando recuperó la consciencia, Wonder dijo que el accidente había abierto sus oídos a muchas cosas. Que era como una segunda oportunidad de vida. Que algo debía haberle estado avisando cuando escribió esa canción.
Quizá la canción no avisaba de nada. Pero es difícil no pensar que Wonder, al escucharla ahora, oye dos cosas a la vez: el arrebato de tres horas y los dedos que se mueven solos en la oscuridad.
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Classic Album Sundays · MusicRadar (entrevista a Robert Margouleff, 2024) · Rolling Stone · Grammy.com · Wax Poetics · Ultimate Classic Rock · Vintage King Audio · Parade