En abril de 1973, una entrevista en Rolling Stone citaba a Stevie Wonder diciendo que quería «meter toda la mierda rara que fuera posible» en su música. Innervisions fue la respuesta concreta a esa declaración.
Las sesiones arrancaron a finales de 1972 en dos estudios de Nueva York — Media Sound y The Record Plant — y funcionaban bajo lo que Malcolm Cecil, ingeniero y programador de sintetizadores, llamó en una entrevista con Wax Poetics en 2013 el «tiempo Stevie»: Cecil y Robert Margouleff llegaban pronto, calentaban los sintetizadores, preparaban las pistas. Wonder aparecía cuando quería. Sin jefes de sello mirando el reloj. Sin plazos.
Cecil también leía las letras en voz alta a Wonder durante la grabación, porque Wonder no podía leerlas por sí mismo. Esa voz en el estudio — la de alguien que además le empujaba a hablar de George Orwell, de economía, de filosofía oriental — está en el fondo de cada canción del disco.
Lo que se oye es casi todo Wonder: batería, bajo Moog, piano eléctrico Fender Rhodes, clavinet, armónica, sintetizadores ARP y Moog, voces. Un solo hombre construyendo capas sobre una grabadora de dieciséis pistas — en Too High, con solo una pista libre al final. El resultado no suena a demostración de habilidad. Suena a alguien que piensa en voz alta, sin intermediarios.
Síntesis con IA a partir de
Wax Poetics (entrevista con Malcolm Cecil, 2013, citada en Hi-Fi News y Music Musings & Such) · Vintage King — 'The Making of Stevie Wonder's Innervisions' · Rolling Stone (entrevista con Stevie Wonder, abril 1973, citada en Apple Music) · Hi-Fi News — reseña de Innervisions