Hasta The Hissing of Summer Lawns, Joni Mitchell escribía en primera persona. Era su marca: la voz que cuenta lo que le pasa a ella. En este disco, algo cambió. Mitchell se apartó del «yo» y empezó a mirar a las mujeres que la rodeaban: la que se queda en el matrimonio como objeto decorativo, la que envejece en una habitación de las afueras mientras las jóvenes celebran en la calle, la que acaba por levantarse a las cuatro de la mañana en un loft de Nueva York y escribe un poema que no sabe muy bien de dónde viene.
La decisión más radical del disco no fue lírica sino sonora. Para «The Jungle Line», Mitchell tomó una grabación de campo de los Tambores Reales de Burundi, la convirtió en un bucle y puso encima su Moog y su voz. Era la primera vez que un sample aparecía en un lanzamiento de sello mayor. Ella misma explicó en una entrevista de 1983 para Musician Magazine que lo que le enganchó fue «ese pasaje de los guerreros de Burundi», y que extrajo de él algo parecido a un ritmo de Bo Diddley antes de construir la canción encima.
El disco llegó después del mayor éxito comercial de su carrera. La prensa no lo recibió bien: sonaba demasiado raro, demasiado frío, demasiado alejado de lo que se esperaba. Mitchell, todavía furiosa con las reseñas, concedió una entrevista al año siguiente a Architectural Digest, no a una revista musical. En sus notas interiores escribió que el disco «se desplegó como un misterio» y que no era su intención desvelarlo.
Síntesis con IA a partir de
jonimitchell.com (notas interiores del disco, créditos oficiales) · Musician Magazine, entrevista 1983 (citada en Wikipedia y fuentes secundarias) · Classic Rock Review · Classic Album Sundays · That Eric Alper