Brian Jackson tenía menos de 19 años cuando entró a los estudios RCA de Nueva York el 19 de abril de 1971. Llevaba vaqueros raídos. Al otro lado de la sala estaba Ron Carter, el bajista del segundo gran quinteto de Miles Davis. En la batería, Bernard «Pretty» Purdie, director musical de Aretha Franklin. En la flauta, Hubert Laws. Dirigiéndolos a todos, Johnny Pate, arreglista de The Impressions. Jackson lo recordaría cincuenta años después con una sola palabra: «Aterrador».
Para llegar hasta ahí, Scott-Heron y Jackson habían cedido parte de sus derechos de publicación. Los veteranos del negocio les habían advertido: «La publicación es lo que te mantendrá cuando los tiempos sean difíciles.» Lo sabían. Lo hicieron igual. Tenían veinte y dieciocho años, respectivamente, y necesitaban entrar.
Lo que grabaron en esas dos jornadas —el disco quedó terminado el 20 de abril— era material que Scott-Heron llevaba años gestando: textos políticos escritos durante la Guerra de Vietnam, el asesinato de Martin Luther King Jr. y el surgimiento del Partido Pantera Negra, mientras estudiaba en la Universidad Lincoln de Pensilvania. Algunos de esos textos ya habían aparecido el año anterior en Small Talk at 125th and Lenox, un disco de poesía hablada sin banda. Ahora «The Revolution Will Not Be Televised» arrancaba con bajo, batería y flauta en vivo, con los músicos de Miles Davis y Aretha Franklin detrás.
La crítica ignoró el disco en 1971. El único single que entró en listas fue «Home Is Where the Hatred Is». Treinta años después, Common declaraba que escuchar «The Revolution Will Not Be Televised» de niño le había parecido «tan rebelde»; Kendrick Lamar sampleaba a Scott-Heron en su primer álbum; Kanye West actuaba en su funeral.
Lo que cedieron para entrar nunca volvió.
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