Tres años antes de grabar este disco, Otis Redding llegó a los estudios Stax de Memphis como conductor y cargador de equipos de otra banda. Cuando la sesión de esa banda no fue bien, pidió turno y cantó una balada propia. El dueño del sello lo fichó en el acto.
En julio de 1965 Redding viajaba constantemente con trece músicos a cuestas. Cada noche en el estudio era una actuación menos, y retenerle para grabar se había vuelto casi imposible. Lo que consiguió Stax fue un hueco de fin de semana: las sesiones arrancaron el sábado 9 de julio a las diez de la mañana y terminaron el domingo a las dos de la tarde, con una pausa nocturna en la que los músicos salieron a cumplir bolos ya contratados en la ciudad. El disco entero se grabó en 22 horas de estudio efectivas.
Seis meses antes, Sam Cooke —el artista al que Redding había versionado en sus dos álbumes anteriores, el modelo que lo había formado— había sido asesinado en Los Ángeles. Redding dedicó tres de las once pistas a canciones de Cooke, y llegó a plantearse grabar un tributo completo. En ese fin de semana de madrugadas y bolos intercalados, grabó «A Change Is Gonna Come» sin tiempo para ensayarla.
Steve Cropper, guitarrista de la banda, decidió incluir también «(I Can't Get No) Satisfaction» de los Rolling Stones. Se sentó ante un tocadiscos y transcribió las letras a mano. Le pasó el papel a Redding. Antes de terminar la toma, Redding tiró el papel al suelo y siguió cantando con palabras propias, inventadas en el momento. Más tarde reconoció sin rodeos: «Uso muchas palabras distintas a la versión de los Stones. Es porque me las inventé.» Keith Richards diría después que esa versión —con el riff trasladado a los metales— era más cercana a lo que él había concebido originalmente.
También estaba «Respect», que Redding declaró haber escrito en un día, arreglado en veinte minutos y grabado en una sola toma. Dos años después, Aretha Franklin la convirtió en otra cosa. Redding reconoció públicamente que Aretha se había apropiado de su canción.
Quizá solo un disco grabado sin red —sin ensayos, con letras tiradas al suelo, en una madrugada robada a la carretera— podía sonar con esa clase de urgencia. O quizá esa urgencia era exactamente el problema que Redding no había tenido tiempo de resolver.
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