En 1962, un chico de catorce años de Gainesville, Florida, entró al Apollo Theater de Harlem de la mano de su hermana y vio actuar a James Brown. Al volver a casa, ató una cuerda a una escoba para tener algo que sujetar mientras practicaba los movimientos.
Lo que siguió fueron casi cincuenta años de empleos precarios —cocinero en un psiquiátrico en Maine, chef en California, obrero, conserje— y de actuar como imitador de Brown en cuanto escenario lo aceptara. Charles Bradley viajó en autostop por Norteamérica y Alaska, durmió en vagones de metro y vivió en proyectos de vivienda pública. La música era lo que hacía, pero no era suya.
Lo que cambió la dirección fue una tragedia: el sobrino de Bradley mató a su hermano Joseph. Cuando Bradley le contó eso a Thomas Brenneck —un guitarrista joven que lideraba una banda de funk en Staten Island y con quien había trabado amistad—, Brenneck le propuso algo concreto: poner esa historia en canciones. No el dolor en abstracto. Esa historia.
Brenneck tenía un estudio montado en su dormitorio de 250 Menahan Street, Brooklyn: una máquina de cinta de ocho pistas y un micrófono. Con ese equipo grabaron el disco. La canción 'Heartaches and Pain' cuenta el momento en que Bradley se despertó, su madre lloraba y por la ventana se veían las luces de la policía parpadeando.
Quizá lo que hace que el disco pese de una manera particular es que Bradley no llegó a él como artista que busca reinventarse, sino como alguien que durante décadas no había tenido nada propio que contar, y que de pronto tenía demasiado. La diferencia entre imitar el dolor de otro y cantar el tuyo se oye.
Tenía 62 años cuando el disco salió.
Síntesis con IA a partir de
Rolling Stone · AllMusic · Equipboard · Electronic Musician · Daptone Records · Discogs · American Songwriter