En 1992, Alberto Manzano —biógrafo y traductor de Leonard Cohen en España— llamó a Enrique Morente con una propuesta insólita: grabar versiones flamencas de Cohen como regalo de cumpleaños para el músico canadiense. Morente no dijo que sí de inmediato. Fue el invierno de 1993, en el bar del Hotel Palace de Madrid, cuando Cohen y Morente se sentaron por primera vez. Cohen escuchó sin hablar apenas. Morente salió de allí con el proyecto decidido.
Mientras tanto, los hermanos Arias —Antonio y Eduardo, de Lagartija Nick, un grupo de rock de Granada— llevaban meses buscando a Morente por bares y peñas de la ciudad para musicalizar poemas de Federico García Lorca. Una tarde pusieron en común lo que cada uno tenía: Morente traía a Cohen, los Arias traían a Lorca. Decidieron grabar juntos.
Lo que siguió duró año y medio y se repartió entre Granada, Madrid y Sevilla. Morente dejaba libertad a cada participante; nada estaba cerrado de antemano. El hijo pequeño del cantaor borró en alguna ocasión la grabación entera en sus travesuras. Las hijas ponían las palmas. La madre, Aurora, ponía la voz. Mientras tanto, el batería Eric García abandonó Lagartija Nick para irse a Los Planetas, que le ofrecía mayor estabilidad, y su marcha fue arrastrando al resto: los miembros del grupo le reprochaban a Antonio Arias que estaba desperdiciando su mejor momento en un proyecto que consideraban destinado al fracaso.
El tema que abre el disco, «Omega», estaba pensado para durar un par de minutos y acabó siendo una pieza de casi once, con quejíos flamencos atrapados entre capas de guitarras eléctricas.
El estreno fue en el Teatro Albéniz de Madrid, dentro de un ciclo de flamenco. Morente no avisó de que subiría con Lagartija Nick. Al acabar el recital con el guitarrista Tomatito, cuando el público esperaba el bis por bulerías de costumbre, el batería de Lagartija Nick apareció en el fondo del escenario y arrancó el tema «Omega». El público respondió con abucheos, gritos de «sinvergüenzas» y «esto es basura», mezclados con voces que llamaban a Morente «valiente». Los críticos presentes no supieron para dónde tirar.
Morente había dicho: «Molestar es necesario. Si no molestas a alguien, es que no estás arriesgando. Y además, si no molestas, sólo eres molestado.» Puede que la provocación del Albéniz no fuera un accidente sino la única presentación posible para un disco que, desde su primera nota, ya sabía que iba a incomodar a alguien.
El disco vendió 50.000 copias. En 2003, Lou Reed, entre el público de una actuación de Morente y Lagartija Nick en Brooklyn, declaró que envidiaba a Cohen por haber logrado trabajar con Morente sobre Lorca, y que él quiso hacer lo mismo pero no pudo. Cohen no llegó a ser entrevistado para el documental del vigésimo aniversario: estaba enfermo. En el volumen póstumo de sus poemas hay uno titulado «Homenaje a Morente».
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