Durante el tour de OK Computer, Thom Yorke dejó de sentir la música como algo suyo. Se convirtió en un peso, y ese peso derivó en una depresión que lo persiguió mientras intentaba escribir lo que vendría después. Cuando la banda empezó a grabar en 1999, la pregunta no era qué tipo de disco hacer: era si podían hacer alguno.
Las guitarras desaparecieron. Entraron sintetizadores, máquinas de ritmo, muestras, y un instrumento que casi nadie fuera de las salas de concierto de música clásica conocía: el ondas martenot, un teclado electrónico de los años veinte que Jonny Greenwood había descubierto a través del compositor francés Olivier Messiaen. La banda se trasladó de París a Copenhague, de ahí a Gloucestershire —donde las peleas sobre la incapacidad de avanzar cualquier idea obligaron a parar casi de inmediato— y finalmente a Oxford. Nigel Godrich, el productor, inventó ejercicios para forzar el movimiento: dividía al grupo en dos, pedía a uno que construyera una secuencia sin instrumentos acústicos y se la pasaba al otro para que la continuara. El objetivo era aprender, según sus propias palabras, «a participar en una canción sin tocar ningún instrumento».
Yorke grababa letras que no había escrito. Godrich le decía «¡Ahora grabemos tu voz!» y él entraba al micrófono sin nada preparado, sin posibilidad de retroceder. Una tormenta eléctrica borró el miniDisc donde Yorke había grabado «Morning Bell» con la letra completa; cinco meses después, en pleno vuelo, la canción volvió a su cabeza.
A comienzos de 2000, Jonny Greenwood llevó a la Orquesta de St. John a la iglesia de Dorchester Abbey para grabar los arreglos de «How to Disappear Completely». Cuerdas y electrónica en un edificio del siglo XII. Puede que fuera la imagen más exacta de lo que el disco intentaba: dos lenguajes que no deberían convivir, conviviendo.
El disco salió sin sencillo, sin videoclip. Debutó en el número uno en Estados Unidos. En el Reino Unido, donde algunos críticos esperaban que Radiohead salvara el rock, hubo quien lo describió como «temeroso de comprometerse emocionalmente». Las más de dos mil horas de material grabado durante aquellas sesiones siguieron circulando durante años, apareciendo en discos posteriores de la banda y en el primer álbum en solitario de Yorke. El título nunca tuvo una explicación fija: quizá el primer clon humano, quizá el apodo de un secuenciador, quizá nada.
Síntesis con IA a partir de
Rolling Stone · The New Yorker (2001), citado por Igor Miranda · Louder Sound · Hipersónica · Nueva Rioja · Nación Rock · Indie Hoy · La Izquierda Diario · Astur Guiri