Una losa de nogal lo dejó en el suelo. A finales de 1970, Neil Young se lesionó la espalda mientras hacía reformas en su rancho de California, y la cirugía que vino después le robó un año entero. Tocar la guitarra eléctrica quedó descartado. Lo que quedaba era lo acústico, y lo acústico fue lo que grabó.
El 19 de enero de 1971, con veinticinco años y la espalda todavía frágil, Young subió al escenario del Massey Hall de Toronto e interpretó canciones que aún no existían en ningún disco: Heart of Gold, Old Man, The Needle and the Damage Done. Dos semanas después estaba en Nashville para actuar en el programa de televisión de Johnny Cash. Esa noche, él y los músicos de sesión se emborracharon y decidieron entrar al estudio. Grabaron. Volvió al rancho, grabó más en el granero. Había planeado un álbum acústico en vivo; lo descartó. Ese material de Nashville se convirtió en el núcleo de Harvest.
Cuando el productor Elliot Mazer le preguntó por el balance de sonido —un canal iba al granero, el otro a los monitores de la casa, y Young escuchaba desde un bote de remos en medio del estanque—, Young respondió: «Más granero».
Mientras el disco tomaba forma, Danny Whitten, guitarrista de su banda Crazy Horse, se hundía en la heroína. Young había escrito The Needle and the Damage Done sobre él y sobre otros músicos que conocía. Whitten murió de sobredosis en 1972, el mismo año en que se publicó la canción. Young había dado el dinero que Whitten usó para comprar las drogas.
El 8 de abril de 1972, Young tenía simultáneamente el single número uno y el álbum número uno en Estados Unidos. Cinco años después, en las notas de su recopilatorio Decade, escribió sobre Heart of Gold: «Esta canción me puso en medio del camino. Viajar por allí pronto se volvió aburrido, así que me dirigí a la zanja».
Quizá la cima y la culpa no cabían en el mismo sitio.
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