Cuando Dennis Coffey y Mike Theodore vieron a Rodriguez actuar en un bar de Detroit, estaba de cara a la pared. Coffey lo explicó después: «cuando ves a alguien cantando de cara a la pared, escuchas de verdad lo que dice». Eso fue suficiente para convencerle de que tenía que grabarlo.
La sesión en Tera-Shirma Studio, en agosto y septiembre de 1969, siguió la misma lógica. Rodriguez entró solo, con su guitarra acústica, y grabó. Los productores construyeron los arreglos después, sin él en la sala: cuerdas de la Orquesta Sinfónica de Detroit, metales, y para Crucify Your Mind una búsqueda de instrumentos insólitos en el catálogo del sindicato de músicos que llegó a traer saxofones bajos tan pesados que entraron al estudio en carrito. El instrumento que quedó en la mezcla fue una marimba. Rodriguez nunca coincidió con ninguno de esos músicos.
Rodriguez llegó con diez canciones. Los productores consideraron que era poco y co-escribieron dos más con el letrista Gary Harvey. En Gommorah, la última del disco, el desinterés de Rodriguez es audible en sus vocales. El coro infantil que la acompaña estaba formado por familia y amigos de Joyce Vincent y Telma Hopkins, que formarían después el grupo Dawn.
Un ejemplar del disco llegó a manos del DJ de radio australiano Holger Brockman, que comenzó a pinchar Sugar Man en la emisora 2SM de Sídney; las tiendas de discos empezaron a vender copias de segunda mano por más de 300 dólares australianos. De ahí el disco saltó a Sudáfrica, donde fue pirateado masivamente durante décadas. El gobierno del apartheid —el régimen de segregación racial que gobernó el país hasta 1994— consideró varias canciones lo bastante amenazantes como para raspar físicamente los surcos del vinilo en las copias que quería silenciar.
Rodriguez no recibió regalías por nada de eso. En 1976 compró una casa en ruinas de Detroit en una subasta gubernamental por 50 dólares y trabajó en demolición y cadenas de producción. Quizá lo más extraño no es que un disco grabado de espaldas, solo ante un micrófono, sobre personajes reales de calles reales de Detroit, se convirtiera en símbolo de una generación en otro continente. Lo más extraño es que el hombre que lo grabó tardó veinticinco años en saberlo.
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Wax Poetics (Jason Lapeyre, 2008) · Rolling Stone (2012) · sugarman.org · Paste Magazine · OkayAfrica · uDiscover Music (2025) · FolkWorks