La gira estaba cerrada: Coachella, Lollapalooza, los escenarios donde se presenta un debut. Nathy Peluso había firmado con Sony, había pasado dos años componiendo entre Barcelona, Buenos Aires y Los Ángeles, y tenía un plan. En marzo de 2020 llegó la pandemia y canceló todo.
Lo que vino después no fue un parón. Peluso declaró que la cuarentena le permitió dedicarle al disco «mucha artesanía que por el estrés capaz que no se la iba a poder dedicar». El álbum se terminó en silencio, sin fechas de actuación que lo esperaran.
El proceso ya era de por sí minucioso. Cada canción avanzaba en paralelo: cuando a Peluso se le ocurría un arreglo de trompetas, se lo mandaba en una nota de voz al productor Rafael Arcaute, quien había trabajado con Luis Alberto Spinetta y Calle 13, y juntos buscaban al músico capaz de ejecutarlo. Para «Puro Veneno» viajaron a Puerto Rico y contrataron al arreglista Ramón Sánchez. Para «Sugga» buscaron a Michael B. Nelson, colaborador de Prince. Para «Buenos Aires», Peluso entró al estudio La Diosa Salvaje —el estudio del propio Spinetta— con los músicos que habían acompañado al artista: Javier Malosetti al bajo, Guillermo Arrom a la guitarra y Sergio Verdinelli a la batería.
El disco se lanzó el 2 de octubre de 2020 sin escenarios donde tocarlo. Debutó en el puesto cinco de la lista de ventas en España. Antes de que terminara el año, llegaron dos nominaciones a los Latin Grammy. En 2021 ganó el premio a Mejor Álbum de Música Alternativa.
Quizá el tiempo forzado del confinamiento y el tiempo voluntario de los viajes a Puerto Rico o Buenos Aires son la misma cosa vista desde ángulos distintos: un disco que no se podía hacer de otra manera que despacio, canción a canción, en los lugares exactos donde vivía cada sonido.
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Página 12 · Remezcla · Audiofemme · Rolling Stone Argentina / La Nación · Diario Las Américas · Sony Music España · Grammy.com