En primavera de 1974, Dylan pasó varias semanas tomando clases de pintura con Norman Raeben, hijo del escritor yiddish Sholom Aleichem, en Nueva York. Raeben le enseñó a ver el tiempo de forma no lineal: pasado, presente y futuro coexistiendo en un mismo cuadro. Dylan volvió a casa transformado. «Mi mujer nunca me volvió a entender desde ese día», declaró. «Ella no sabía de qué estaba hablando. Y yo no podía explicárselo.» La apuesta del disco empieza ahí: Dylan encontró un lenguaje nuevo y perdió a alguien en el mismo movimiento.
Ese verano, separado de Sara, escribió diecisiete canciones en tres cuadernos de notas en Minnesota. Las grabó en los estudios A&R de Nueva York en cuatro días de septiembre, pasando de una canción a otra como si fuera una sola pieza, cambiando compases y eliminando versos sobre la marcha. Columbia preparó el lanzamiento. Ya había test pressings.
Entonces Dylan llevó el acetato a su hermano David Zimmerman en Minneapolis. David le dijo que el sonido era demasiado austero. Dylan decidió regrabar cinco canciones.
David Zimmerman llamó al guitarrista Kevin Odegard —que en ese momento trabajaba como guardafrenos de ferrocarril y estaba viendo Kojak en su apartamento— para pedirle que encontrara una guitarra Martin de los años 30 con cuerdas de tripa. Odegard localizó el instrumento en una tienda cerca de la Universidad de Minnesota y llegó al estudio Sound 80 el 27 de diciembre a las cinco de la tarde. Dylan llegó con su hijo Jakob, que acababa de cumplir cinco años. En un momento de la sesión, Odegard cruzó la calle a comprarle leche al niño.
Cuando Dylan descubrió que el baterista Bill Berg era de Hibbing —su ciudad natal—, se relajó. Según Odegard, «se convirtió en Bobby Zimmerman en ese momento». El día de Año Nuevo, durante la mezcla de Tangled Up in Blue, Dylan interrumpió al técnico de sonido y le mostró el acetato de seguridad que usaba en casa. «Quiero que suene exactamente así», dijo. El técnico le explicó que era una mezcla en vivo sin procesar. «Eso es lo que quiero», respondió.
Los seis músicos de Minneapolis no fueron acreditados. Sus nombres permanecieron sin reconocimiento oficial durante más de cuarenta años. Dylan negó siempre que el álbum fuera autobiográfico, declarando que estaba basado en los cuentos de Chéjov. Su hijo Jakob, décadas después, dijo: «cuando escucho Blood on the Tracks, eso es sobre mis padres».
¿Cuál de los dos tiene razón —el padre que niega o el hijo que reconoce?
Síntesis con IA a partir de
Uncut (enero 2005) · Rolling Stone (entrevista a Dylan; reseña original de Greil Marcus, 1975) · Rock Cellar Magazine (entrevista a Kevin Odegard) · The Current / MPR (entrevista a Kevin Odegard, enero 2025) · Duluth News Tribune (reseña de 'Blood in the Tracks', University of Minnesota Press, 2023) · Billboard · PopMatters · Ultimate Classic Rock · Classic Album Sundays · American Songwriter · David McPherson Substack · Johns Hopkins University Press (2014)