En septiembre de 1968, Miles Davis se casó con Betty Mabry, modelo y compositora veinte años más joven. Ella le presentó a Jimi Hendrix y a Sly Stone, le cambió la ropa —de trajes entallados a cuero y cadenas— y, según varias fuentes, fue quien propuso cambiar el título que Davis había pensado, Witches Brew, por algo con más filo. El matrimonio duró menos de un año.
Pero algo quedó. Davis tenía 43 años y veía cómo los músicos de rock llenaban estadios mientras el jazz tocaba para salas semivacías. En su autobiografía lo dijo sin rodeos: «La mayoría de los músicos de rock no sabían nada de música. Si ellos pueden vender todos esos discos sin saber lo que hacen, yo también puedo — y mejor.»
El 19 de agosto de 1969, exactamente veinticuatro horas después de que Jimi Hendrix cerrara su actuación en Woodstock, Davis entró en el Columbia Studio B de la calle 52 Oeste de Nueva York con trece músicos convocados con muy poco aviso y sin una sola partitura completa. Llevaba bocetos: un tempo, unos pocos acordes, nada más. La mayoría nunca había escuchado el material. Los dispuso en semicírculo, con él en el centro. El baterista Lenny White tenía diecinueve años y describió la escena así: «Era como una orquesta, y Miles era nuestro director.»
Las sesiones duraron tres días, de diez de la mañana a la una del mediodía. El productor Teo Macero mantuvo la cinta corriendo sin detenerla en ningún momento. Después, en postproducción, cortó, empalmó, añadió bucles y ecos hasta que el material se volvió irreconocible para quienes lo habían tocado. Zawinul escuchó la música que ponía una secretaria en las oficinas de Columbia, preguntó quién era ese, y descubrió que era él mismo en Bitches Brew.
El disco salió el 30 de marzo de 1970. Columbia lo distribuyó en circuitos de rock, no de jazz. Fue el primer disco de Davis en obtener certificación de oro. Un año antes tocaba en clubes semivacíos; el 29 de agosto de 1970 actuó en el Isle of Wight Festival ante 600.000 personas, en el mismo cartel que Hendrix.
Macero, en una carta al crítico Ralph Gleason, escribió con ironía sobre el proceso: «Quizás hayamos acabado con el jazz, pero mientras tanto, hemos construido un nuevo género de música.» Davis, en su autobiografía, negó que el disco fuera idea de nadie más que de él. Puede que ambos tuvieran razón. O puede que esa disputa sea exactamente lo que el disco suena: algo que nadie reconoce del todo como suyo.
Síntesis con IA a partir de
JazzTimes · Vintage King · Grammy.com · HHV-Mag · Bluescentric · La Nacion · Britannica · postgenre.org · musicaficionado.blog · wikijazz.substack.com