El 18 de febrero de 1969, entre las diez de la mañana y la una y media del mediodía, Miles Davis grabó en el Columbia Studio B de Manhattan cuarenta bobinas de cinta. Tres horas y media de material. Al terminar, ninguno de los músicos estaba satisfecho. Joe Zawinul —el pianista vienés que había compuesto el tema titular— le dijo a Davis que aquello le parecía «demasiado noodling sin rumbo».
El problema de Teo Macero —productor de Davis en Columbia— era concreto: tenía cuarenta bobinas de material que sus propios autores habían descartado y ningún disco que publicar. Davis acudió a una sesión de edición, algo inusual en él, y juntos redujeron todo a dos fragmentos: ocho minutos y medio, nueve minutos. Davis se levantó, dijo «ese es mi disco» y no cedió. Macero se quedó con diecisiete minutos de audio y la obligación de publicar un álbum.
Macero construyó cada cara como una suite de tres secciones en la que la primera y la última son copias idénticas del mismo fragmento de cinta, una estructura circular que no existía en la sesión original. Tomó tomas distintas, las recombinó, las hizo sonar como si hubieran ocurrido en ese orden. El jazz tradicional consideraba esa práctica una herejía: la autenticidad de la toma única era su código no escrito. Macero lo rompió porque no tenía otra salida.
Había más capas. John McLaughlin, guitarrista inglés que llevaba cuarenta y ocho horas en Estados Unidos, había entrado al estudio sin que Davis lo hubiera escuchado tocar nunca. Davis le pidió que tocara la melodía del tema titular en solitario, sin acompañamiento, como si nunca hubiera usado una guitarra antes. Al salir, McLaughlin le preguntó a Herbie Hancock —uno de los tres teclistas de la sesión— si lo que habían hecho era bueno. «No sé qué está pasando», dijo.
Semanas después, Zawinul pasó por la recepción de la CBS. Preguntó qué música estaban poniendo. La recepcionista le dijo que era él. Zawinul añadió: «y era realmente hermoso».
Quizá lo que Macero entendió —y Davis solo a medias— es que el material fallido y el disco terminado no eran la misma cosa: entre los dos había una decisión editorial que ninguno de los músicos había tomado, y que ninguno de ellos reconoció como suya hasta que sonó desde otro sitio.
Síntesis con IA a partir de
Journal of Music in Ireland · Jerry Jazz Musician (entrevista a Teo Macero) · Guitar Player (entrevista a John McLaughlin) · Mosaic Records liner notes · Paul Tingen, Miles Beyond: The Electric Explorations of Miles Davis, 1967–1991 · ethanhein.substack.com · Rolling Stone Album Guide (1992)