El título viene de una novela de 1958 sobre un obrero de Nottingham que no quiere que nadie le ponga nombre. Alan Sillitoe lo escribió; Albert Finney lo dijo en la película dos años después. Cuatro adolescentes de Sheffield lo tomaron prestado casi medio siglo más tarde, y la elección no era decorativa.
Antes de que existiera el álbum, existían las demos. La banda las grabó de su bolsillo, las quemó en CD-R y las repartió gratis en sus conciertos. Un fan las subió a internet con el nombre de Beneath the Boardwalk —tomado del club Boardwalk de Sheffield donde solían tocar— y desde ahí se propagaron solas. Alex Turner diría después: «Todo lo que hicimos fue escribir canciones, tocar conciertos y repartir un par de discos. Nunca orquestamos nada de esto.» El antiguo jefe de prensa de la banda lo confirmó: todo fue generado por fans entusiastas.
En 2005 estalló la guerra. The Daily Star publicó que habían firmado contratos millonarios con EMI y Epic. La banda lo desmintió en su web, llamando al periódico «The Daily Stir», y firmó con Domino, un sello independiente que su director, Laurence Bell, gestionaba desde su propio piso. La banda declaró que les atrajo que Bell solo fichaba grupos que le gustaban personalmente.
El productor Jim Abbiss eligió Chapel Studios, un edificio victoriano en el campo de Lincolnshire, deliberadamente para aislarlos: «Si hubiéramos grabado en Londres, habría habido muchas más distracciones.» La banda desconfió de él al principio y no entendía por qué el sello no aceptaba sin más lo que ya habían grabado. El álbum entero se grabó en 15 días: una canción por día, la mayoría en directo, con toda la banda en la misma sala y el amplificador de bajo en el pasillo para conseguir algo de separación de sonido.
El disco vendió 363.735 copias en su primera semana. En septiembre de 2006, al recoger el Mercury Prize, Turner miró al público y dijo: «Normalmente el premio no va a una banda que haya vendido tantos discos, pero estamos muy contentos porque son buenas canciones, eso es lo que intentamos hacer, y no hay trucos.»
No hay trucos. Eso también lo podría haber dicho el personaje de Sillitoe.
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