En agosto de 1972, Lou Reed entró en Trident Studios, en el Soho londinense, con canciones que en parte llevaba años guardando: algunas las había escrito para los Velvet Underground y nunca habían llegado a publicarse. Bowie, que llevaba tiempo fascinado con aquel grupo, lo había convocado allí con una idea clara: sacar a Reed del underground y ponerlo delante de un público más amplio. Las sesiones fueron rápidas. Bowie tenía otros compromisos —Ziggymanía en pleno apogeo— y el tiempo apremiaba.
Mick Ronson, guitarrista de la banda de Bowie, los Spiders from Mars, fue quien sostuvo el disco por dentro: tocó la guitarra, el piano, el recorder y los coros, y firmó los arreglos de cuerda de Perfect Day. Reed, en el documental Classic Albums, reconoció que Ronson bajó deliberadamente el volumen de su voz para dejar que las cuerdas respirasen. Es un detalle pequeño con consecuencias grandes: Perfect Day suena como suena porque alguien decidió que Reed no debía ocupar todo el espacio.
El músico de sesión Herbie Flowers llegó a grabar Walk on the Wild Side con los acordes de Reed escritos en un papel. Tocó primero el contrabajo —«esta canción tiene algo de jazz y el bajo eléctrico no terminaba de funcionar», explicó— y luego pidió añadir el bajo eléctrico una décima por encima. Grabó las dos líneas en unos veinte minutos y cobró doce libras por cada una, el doble de la tarifa habitual por haber doblado el instrumento. La canción hablaba abiertamente de identidad de género, prostitución y drogas; en algunos países se editó, en otros se prohibió. Las emisoras de radio la pusieron igual.