El domingo 30 de septiembre de 2007, el guitarrista Jonny Greenwood publicó una sola entrada en el blog de la banda: «Hola a todos. Bueno, el nuevo álbum está terminado y sale en 10 días. Lo hemos llamado In Rainbows. Con cariño de todos nosotros.» No hubo campaña, no hubo sello, no hubo filtración previa. Solo eso.
Para llegar a esa frase, Radiohead había pasado cuatro años al borde de no llegar a ningún sitio. Las sesiones de Hail to the Thief —su disco anterior— habían sido tan apresuradas y conflictivas que la banda salió de ellas sin ganas de volver al estudio. Con ese disco se cerraba también su contrato de doce años con EMI, así que no había ningún sello empujándoles. Pasaron 2004 en un limbo. Cuando intentaron retomar el trabajo en 2005, contrataron a un productor ajeno —Spike Stent, conocido por trabajar con Madonna y las Spice Girls— buscando una dirección nueva. Un año después, descartaron todo lo que habían grabado con él.
Frustrados, salieron de gira por Europa y Estados Unidos en mayo de 2006 tocando canciones que aún no existían en estudio. Ese otoño llamaron a Nigel Godrich, su productor de siempre, y empezaron de cero por tercera vez. Godrich llevó a los cinco a Tottenham House, una mansión georgiana en ruinas a setenta kilómetros de Oxford. La banda acampó en caravanas junto al edificio y pasó tres semanas grabando en sus salas vacías. Godrich la describió como «muy vieja y literalmente desmoronándose, como una mansión de Scooby Doo».
En la biblioteca de esa mansión grabaron «Bodysnatchers» en una sola toma en directo, los cinco tocando juntos sin retoques. El único momento del disco hecho así.
El 10 de octubre de 2007, el disco apareció en la web de la banda a precio libre. El sesenta por ciento de quienes lo descargaron pagó cero. El cuarenta por ciento restante pagó una media de seis dólares. Sin intermediarios, antes de que el CD llegara a las tiendas, la banda ingresó más dinero que con todo Hail to the Thief.
Yorke lo explicó después: «Esto es un contrato de fe entre los creadores y el público.» Y también: «No se supone que sea un modelo para nada más. Fue simplemente una respuesta a una situación.»
Godrich lo dijo de otra manera: «La mayoría de la gente no sigue siendo amiga de quienes conoció en el colegio a estas alturas de la vida. Pero ellos tienen una química particular. Como una familia.»
Quizá por eso el disco suena como suena: como algo que no tenía por qué existir y que alguien decidió, de todas formas, terminar.
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