Leonard Cohen tenía treinta y dos años y nunca había pisado un estudio de grabación cuando entró al Columbia Studio E de la calle 52 de Nueva York en el verano de 1967. Era poeta y novelista, no músico de estudio. Pidió que pusieran un espejo de cuerpo entero frente a él para poder verse mientras tocaba — la misma forma en que siempre había ensayado en casa.
El productor que le había fichado, John Hammond, el hombre que había descubierto a Bob Dylan y a Billie Holiday, cayó enfermo antes de que las sesiones arrancaran de verdad. Le sustituyó John Simon, productor con otro criterio: donde Cohen quería desnudez, Simon oía potencial para cuerdas, trompas y voces femeninas. Los dos chocaron durante meses.
Cuando Cohen escuchó el resultado, había batería en varias canciones — algo que había prohibido expresamente. Y las orquestaciones en Suzanne le parecieron excesivas. Pero la cinta de cuatro pistas tenía sus límites: lo que Simon había grabado encima no podía separarse sin destruir la base. Cohen logró ajustar algunas cosas en la mezcla, pero no todo.
El disco que salió en diciembre de 1967 es, en parte, el que Cohen quería y, en parte, el que Simon construyó sobre él. Esa tensión se oye: hay momentos de una intimidad casi incómoda, y otros donde el arreglo llega un segundo tarde, como si la canción ya hubiera terminado antes de que la orquesta lo supiera.
Síntesis con IA a partir de
Mojo (Sylvie Simmons, 2012) · Relix (entrevista a John Simon, 2018) · Q Magazine (entrevista a Leonard Cohen, 1991) · Mojo (entrevista a Leonard Cohen, noviembre 2001) · Rolling Stone (entrevista a Leonard Cohen, sin fecha específica verificada) · Anthony Reynolds, Leonard Cohen: A Remarkable Life (biografía)