Elizabeth Fraser, voz de Cocteau Twins, llevaba años cantando en glosolalia: sílabas inventadas, sonidos que parecen palabras pero no lo son. Ella misma explicó que no se sentía con el valor de cantar en inglés, ni con la confianza suficiente como letrista. Así que construyó un idioma propio donde la emoción no necesitaba traducción.
Cuando grabaron Heaven or Las Vegas en 1990, Fraser estaba embarazada. El disco más luminoso y accesible de su carrera se grabó mientras llevaba dentro a la hija que tendría con Robin Guthrie, el guitarrista y productor del grupo. Esa tensión —algo íntimo y físico ocurriendo mientras se construía algo deliberadamente etéreo e impersonal— se oye en la voz: más cálida que en discos anteriores, más cerca de la superficie, como si el cuerpo hubiera cedido algo que la mente seguía queriendo esconder.
Guthrie, que controlaba casi toda la arquitectura sonora del grupo, construyó guitarras que suenan más a luz que a cuerdas: capas sobre capas procesadas hasta perder el origen. El resultado es un disco donde no sabes exactamente qué instrumento estás oyendo ni qué palabra se está cantando, pero entiendes perfectamente lo que se siente.
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