Antes de que existiera Acabou Chorare, ya existía otra versión del disco. En 1972, por sugestión del productor Nelson Motta, los Novos Baianos grabaron todas las canciones en casa de Jorge Karan, en dos canales, con pocos instrumentos. La grabadora quería lanzarlo así. La banda se negó, rompió con la Polygram y empezó de cero.
El punto de partida del segundo intento fue una visita. Luiz Galvão, letrista del grupo, conocía a João Gilberto desde la adolescencia en Juazeiro, Bahía. Cuando se reencontraron en Río, João empezó a aparecer por el piso de Botafogo donde vivía la banda, a veces de madrugada, sin avisar. Les habló de un samba de 1940 que Assis Valente había compuesto para Carmen Miranda y que ella nunca quiso grabar: Brasil Pandeiro. Y les dijo, según recuerda Galvão, que «necesitaban volver al camino de casa».
La banda se mudó a un sítio en Jacarepaguá, en las afueras de Río, donde vivieron en comunidad durante dos años: componían, ensayaban, jugaban al fútbol por las tardes. Moraes Moreira lo resumió así: «Para nosotros, la vida era el ensayo. Cuando fuimos a grabar Acabou Chorare, todo ya lo teníamos bajo los dedos de tanto ensayar cada día». El disco se grabó en cuatro pistas. No hay capas añadidas después: lo que se oye es la banda tocando junta, tal como lo hacía cada tarde en el sítio.
João Gilberto no toca en el disco. Pero abrió con Brasil Pandeiro, el samba que él les enseñó.
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