Sufjan Stevens trabajaba en una editorial en Nueva York cuando concibió el proyecto de los 50 estados. Lo concibió junto a su publicista Daniel Gill como lo que él mismo llamaría años después, sin reparos, «un truco promocional»: grabar un disco por cada estado de la unión para generar atención en un momento en que Stevens no tenía perfil público. El anzuelo funcionó. Y entonces tuvo que estar a la altura de él.
Illinois era el segundo disco de la serie. Para escribirlo, Stevens leyó documentos criminales, literarios e históricos del estado, rastreó foros de internet en busca de anécdotas y lo describió como «una especie de encuesta histórica», un «soundtrack de película sin película». El resultado abarca desde los debates Lincoln-Douglas de 1858 hasta avistamientos de OVNIs. Setenta y cuatro minutos. Originalmente concebido como doble disco con cerca de cincuenta canciones.
Las grabaciones se repartieron por donde se pudo: el piano, de noche, en la iglesia episcopal de St. Paul's en Carroll Gardens, Brooklyn. El cuarteto de cuerdas, en el apartamento de una tal Marla en Washington Heights. El órgano eléctrico, en una sala recreativa de Clarksboro, Nueva Jersey. Todo con equipos de baja fidelidad. Todo producido por él solo.
Stevens declaró que durante la composición funcionó «en un nivel sobrenatural» durante días, semanas y meses, y que ese estado «no es realmente saludable para las personas durante largos períodos de tiempo».
Cuando el disco salió, el 4 de julio de 2005, Stevens tenía treinta años y seguía siendo empleado de una editorial. Illinois vendió nueve mil copias en la primera semana, entró en el Billboard 200 y fue certificado disco de oro. Fue entonces cuando la música se convirtió en su dedicación a tiempo completa.
En la canción John Wayne Gacy Jr. —sobre el asesino en serie que enterró a sus víctimas bajo el suelo de su casa en Illinois— Stevens termina susurrando en primera persona que él mismo se parece al asesino. Antes del lanzamiento ya había advertido: «No confundiría la voz de estas canciones, incluso las que están en primera persona, con la voz de mi persona». Escribió la línea de todas formas.
Quizá esa tensión —entre el truco y la confesión, entre el inventario histórico y la autobiografía disfrazada— es lo que el disco no termina de resolver. En 2024, un musical de Broadway construido íntegramente con sus canciones ganó el Tony a Mejor Coreografía. Sin diálogo. Solo movimiento y las letras de Stevens.
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