Una cassette sin etiqueta llega a manos de Paul Simon en 1984. Se la ha dado su amiga Heidi Berg; él la escucha en bucle durante un viaje a Montauk convencido de que es doo-wop oscuro de su infancia en Queens. Solo cuando llama a un contacto en Warner Bros. descubre que lo que oye es música callejera sudafricana: un grupo vocal llamado Ladysmith Black Mambazo y un estilo llamado mbaqanga.
En ese momento Simon lleva un año sin matrimonio y sin éxito. Su disco anterior, Hearts and Bones, había pasado sin pena ni gloria en 1983. La cassette le da algo que no esperaba: la sensación de haber reconocido algo propio en una música que nunca había oído.
En febrero de 1985 vuela a Johannesburgo con el ingeniero Roy Halee. Va contra el consejo de su management y contra el boicot cultural que la ONU sostenía sobre Sudáfrica durante el apartheid. Llega a Ovation Studios sin una sola letra escrita. Lo que hace allí es sentarse con músicos locales —los Boyoyo Boys, las Gaza Sisters— y tararear melodías sobre sus ritmos hasta que algo cuaja.
La colaboración que más lejos llega es con Joseph Shabalala, líder de Ladysmith Black Mambazo. Graban Homeless a cappella en Abbey Road. En un momento de la sesión, Simon se acerca al micrófono y canta junto a ellos. Shabalala recordó después: «Casi me desmayo. Estaba pensando: ¿Quién es este tipo? Es mi hermano. ¿Por qué se esconde en América?»
El disco se termina en junio de 1986, grabado en cinco estudios repartidos entre Johannesburgo, Nueva York, Los Ángeles, Londres y Luisiana. La canción que le da título cuenta los pensamientos de alguien que conduce hacia la mansión de Elvis Presley en Memphis después de que su matrimonio se ha roto. La propia Carrie Fisher, su ex mujer, confirmó que la canción hablaba en parte de ellos.
La controversia no tardó: organizaciones como Artists United Against Apartheid criticaron a Simon por haber cruzado el boicot. Simon anunció que el ANC le había dado su visto bueno; el hijo del presidente del ANC lo desmintió públicamente. Seis meses después del lanzamiento, Simon organizó una gira mundial con los músicos sudafricanos, a los que se unieron Hugh Masekela y Miriam Makeba —dos exiliados sudafricanos que llevaban años oponiéndose al apartheid—, una decisión que Masekela mismo había sugerido para dar visibilidad internacional a los músicos negros del país.
Quizá la contradicción nunca se resolvió del todo. Lo que sí ocurrió es que Ladysmith Black Mambazo dejó de ser un secreto.
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