El 21 de noviembre de 1962, el Carnegie Hall de Nueva York acogió el primer gran concierto de bossa nova en Norteamérica. Esa noche, en la habitación de hotel de João Gilberto, Stan Getz y el guitarrista brasileño descubrieron que podían entenderse sin apenas compartir idioma. Creed Taylor, el productor que había llevado a Getz a dos discos de bossa nova exitosos en 1962, organizó la sesión de grabación.
Astrud Gilberto viajó a Nueva York como traductora. João necesitaba un intérprete; ella no era cantante profesional. Durante las sesiones de marzo de 1963 en los estudios A&R Recording de Nueva York, Taylor pidió que algunas canciones de Antonio Carlos Jobim —el compositor que junto a Gilberto había inventado el género— se grabaran también con letra en inglés. Astrud era la única persona en el estudio capaz de hacerlo con el estilo adecuado.
Jobim y João Gilberto pusieron objeciones. Getz insistió. Astrud se acercó al micrófono y grabó la segunda estrofa de «Garota de Ipanema» en inglés. Tenía 22 años y era la primera vez que grababa profesionalmente.
Cuando el álbum se publicó, en marzo de 1964, el nombre de Astrud no figuraba en la portada. Cobró la tarifa de sesión: 120 dólares. «The Girl from Ipanema» ganó el Grammy a la Grabación del Año. El álbum permaneció 96 semanas en las listas de éxitos y se convirtió en el primer disco no estadounidense en ganar el Grammy al Álbum del Año.
Getz llegaría a describir a Astrud como «simplemente un ama de casa que tuvo suerte».
João Gilberto escribió en las notas del álbum: «Entender y ser entendido es una especie de paz.»
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