Después de la gira de reunión de Soda Stereo —masiva, eléctrica, cargada de historia— Cerati se tomó unos meses para simplemente escuchar música. Lo que salió de ahí fue una decisión concreta: «Tenía muchas ganas de hacer algo acústico, salir un poquito de la distorsión que planteaba Ahí Vamos. Necesitaba bajar unos cambios», explicó en entrevistas de la época.
Las sesiones arrancaron en diciembre de 2008 en Unísono, su estudio propio en Buenos Aires, con una metodología ordenada: primero baterías, luego bajo, luego guitarras. El coproductor fue Héctor Castillo, ingeniero que había trabajado con Lou Reed y David Bowie, y que ya conocía a Cerati desde Ahí Vamos. Parte de las sobregrabaciones se hicieron en Nueva York, en los estudios Looking Glass y Stratosphere Sound, donde se sumaron músicos como el baterista Sterling Campbell y el tecladista Glenn Patscha. El problema técnico central del disco lo resumió el propio Cerati: «Fue complicado lograr que tuviera potencia de transmisión con guitarras más limpias. Es más difícil lograr que guitarras entrelazadas tengan esa potencia, fue un trabajo duro».
El ingeniero Uriel Dorfman recordó que Cerati no quería una suma de canciones sino una obra completa. El letrista Adrián Paoletti, colaborador en varias canciones, contó que Cerati le pidió explícitamente «letras alejadas de lo romántico y lo convencional, algo más onírico, con animales, con paisajes». En el backstage de la grabación, Cerati dijo algo que quedó registrado: «Si yo me retirara ahora, me iría contento por Fuerza Natural». Ocho meses después del lanzamiento sufrió un ACV tras un concierto en Caracas y no volvió a grabar.