Las primeras maquetas de Caldo Espírito nacieron en una casa de piedra en una aldea de Ourense rodeada de vacas y caballos salvajes. Sin cobertura, prácticamente sin vecinos. Xoel López fue con un técnico de sonido y uno de sus músicos, sin productor. Él mismo lo describió como algo que nunca había hecho: «Eso de cogerse una cabaña, tipo Bon Iver».
Desde ese arranque, el disco se completó en localizaciones dispersas —más casas rurales gallegas, territorio mexicano— con un grupo de colaboradores que incluía a Domenico Lancellotti, Lucas Piedra Cueva, Leo Aldrey, Adrián Seijas y Carles Campi Campón, que había producido íntegramente el disco anterior. Esta vez no había productor único desde el inicio: el proceso fue más colectivo.
Una de las decisiones que más marcó el resultado fue la de las voces. Xoel declaró que grabar las voces fue el momento en que más se emocionó de todo el proceso y que decidió subirlas más de lo habitual: «La voz se convirtió en el hilo conductor de todo el disco».
La última canción, Xiana, lleva el nombre que los padres de Xoel tenían preparado si él hubiera nacido niña; surgió una noche en la cama, escribiendo de improviso, y es la única del disco en gallego. Contiene referencias declaradas al cantautor Peter Gabriel y está descrita como un diálogo con el lado femenino de Xoel y con la persona que nunca fue.
El título del disco tampoco pertenece a ninguna lengua concreta: «caldo» en italiano significa «caliente» y «espírito» en gallego significa «espíritu». Una metáfora que, como el disco, mezcla sin pedir permiso.
Pon Xiana y escucha cómo el disco que empezó en una aldea sin cobertura termina en gallego, con el nombre que Xoel nunca tuvo.
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