Ryo Fukui creció en Biratori, una localidad pequeña de Hokkaido, la isla más al norte de Japón. Empezó con el acordeón a los 18 años. A los 22, sin ningún maestro, comenzó a aprender piano por su cuenta.
Se mudó a Tokio. Allí encontró al saxofonista Hidehiko Matsumoto, que le daba ánimos ocasionales, pero Fukui se desanimaba con frecuencia: sentía que no avanzaba lo suficiente. Así pasaron seis años.
En 1976, con 28 años, firmó con Trio Records y viajó a Sapporo. El álbum entero se grabó en una sola jornada en el Yamaha Hall: cinco estándares de jazz y una composición propia, con su hermano Yoshinori a la batería y Satoshi Denpo al contrabajo. Sin red. Sin días de corrección.
El disco salió ese mismo año. En Japón, la crítica especializada lo recibió como un lanzamiento relevante del jazz nacional. En Estados Unidos, donde el jazz había perdido terreno frente al rock y el funk, pasó sin pena ni gloria.
Fukui no insistió en el estudio. Grabó un segundo álbum en 1977, luego se concentró en tocar en directo durante casi dos décadas y en 1995 abrió el club Slowboat en Sapporo, que regentó con su esposa Yasuko. Murió en marzo de 2016.
Fue después de su muerte cuando Scenery comenzó a circular masivamente en YouTube y Apple Music. La portada roja —que hoy muchos asocian directamente con el jazz japonés— empezó a aparecer en recomendaciones automáticas. Quizá sea esa la ironía más silenciosa del disco: un hombre que se desanimaba por no progresar lo suficiente terminó siendo la imagen de toda una tradición, sin llegar a verlo.
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