El 4 de diciembre de 2025, Khn y Klek de Poitrine pisaron Europa por primera vez. El escenario era la ESMA de Rennes, dentro del festival Trans Musicales. Nadie fuera de Quebec sabía muy bien quiénes eran. La radio americana KEXP estaba allí con una cámara.
Khn tocó descalzo bajo una máscara angular enorme, alternando entre los dos mástiles de una guitarra que él mismo había modificado añadiendo trastes con una sierra para alcanzar notas que no existen en el sistema occidental estándar. Klek, detrás de la batería, navegó cambios de compás abruptos sin aparente esfuerzo. Tres de los temas que tocaron esa noche —«Sarniezz», «Mata Zyklek» y «Fabienk»— eran canciones de Vol.II, un álbum que todavía no había salido.
KEXP publicó el vídeo el 5 de febrero de 2026. En su primera semana superó los dos millones de visualizaciones. En mayo, las cifras rondaban los quince millones.
Vol.II se lanzó el 3 de abril de 2026; el público ya conocía la mitad del disco antes de que existiera oficialmente.
El dúo lleva más de dos décadas tocando juntos, desde la adolescencia en Saguenay, una ciudad al norte de Quebec. Se presentan como «los hermanos de Poitrine», aunque aclaran que ese vínculo familiar existe solo «para las necesidades del concepto». Su mánager ha borrado meticulosamente cualquier mención de sus nombres reales en internet. La web del grupo advierte de que especular sobre su identidad puede constituir una invasión de su privacidad.
El nombre del grupo —«angina de pecho» en francés— empezó como una broma. Con el tiempo, sus miembros lo adoptaron para describir su propio sonido: «disfunción cardíaca inducida por la disonancia», dicen. Khn lleva cuatro o cinco años trabajando la microtonalidad dentro de una carrera guitarrística de veinte. Su declaración de intenciones es precisa: «El objetivo es usar estas notas como cualquier otra. No como decoración, sino como el lenguaje en sí mismo».
Quizá sea eso lo que hace difícil mirar hacia otro lado: la música de Vol.II suena extraña y bailable al mismo tiempo, como si la disonancia y el groove no fueran opuestos sino la misma cosa vista desde dos ángulos. Dos personas con la cara cubierta, tocando canciones sin palabras con títulos inventados, grabadas en un centro de experimentación de una ciudad pequeña de Quebec. Y quince millones de personas que no podían parar de verlo.
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