Angenor de Oliveira, el sambista carioca conocido como Cartola —apodo que le quedó de cuando usaba un sombrero de copa para protegerse la cabeza trabajando de albañil en el Morro da Mangueira—, no grabó su primer LP hasta 1974, con 65 años. Los dos primeros discos salieron en Discos Marcus Pereira, un sello independiente especializado en documentación musical que no tenía red de distribución comercial. Funcionaron con la crítica, pero llegaron poco lejos en las tiendas. En 1977, la RCA Victor llamó a la puerta.
Ese salto a una gran multinacional se nota en la orquesta. Dino 7 Cordas —Horondino José da Silva, el guitarrista de siete cuerdas que definió el sonido del samba carioca durante décadas— firma los arreglos y toca. Altamiro Carrilho lleva la flauta. Abel Ferreira el saxofón soprano y el clarinete. Wilson das Neves la batería. Es una banda de veteranos que conocen el oficio desde dentro, y se escucha: el disco suena a algo construido con paciencia, no con prisa.
El título y la foto de portada nacieron del mismo impulso: el fotógrafo Ivan Klingen, que había desmarcado varios ensayos con un Cartola reacio a posar, acabó encontrándolo en casa tomando café en una taza verde. Le pidió a Dona Zica, la esposa, un platillo rosa. Verde y rosa: los colores de la Mangueira. El nombre del disco no es una metáfora literaria suelta —es una declaración de pertenencia. Cartola llevaba décadas componiendo desde ese morro, y este disco, el más orquestado de los tres, lleva esos colores impresos en el título.