A las once de la noche del 24 de enero de 1975, la Ópera de Colonia tenía 1.400 butacas vendidas para un concierto que su pianista no quería dar.
Keith Jarrett, veintinueve años, llegó esa tarde desde Suiza en coche. Llevaba dos días sin dormir y con un dolor de espalda que no cedía. Lo que encontró en el escenario terminó de convencerle de cancelar: había pedido un Bösendorfer Imperial de cola completa y en su lugar había un modelo pequeño, desafinado, con pedales atascados y algunas teclas que no respondían. El error era de la administración de la ópera. Manfred Eicher, fundador del sello ECM que grababa a Jarrett, le dijo a la organizadora del concierto que sin otro piano no habría actuación.
La organizadora era Vera Brandes, una estudiante alemana de diecisiete años que se había convertido en la promotora de jazz más joven del país. Fue al hotel de Jarrett en coche. Él estaba listo para marcharse. Ella lo convenció de quedarse.
Un afinador anónimo había reparado el piano defectuoso en lugar de buscar uno nuevo —la lluvia y la hora lo hacían imposible—, dejándolo en un estado apenas tolerable. Jarrett subió al escenario. Tocó durante una hora y seis minutos sin partitura, sin red, sin repetir nada.
Vera Brandes corrió hacia el ingeniero de sonido Martin Wieland al terminar y le preguntó: «¿Grabaste eso?»
Eicher y Jarrett escucharon la cinta en el coche camino al siguiente concierto. Decidieron publicarla. Eicher diría después: «Probablemente tocó así porque no era un buen piano. Porque no podía enamorarse del sonido, encontró otra manera de sacar lo mejor de él.»
El doble álbum se publicó en noviembre de ese año. Superó los cuatro millones de copias vendidas. Quizá el instrumento roto obligó a Jarrett a presionar de otra forma, a buscar en el registro grave lo que el agudo no le daba, a construir desde la limitación en vez de desde la comodidad. O quizá el agotamiento y el dolor hicieron que cada frase costara más de lo habitual, y eso se oye.
Síntesis con IA a partir de
ECM Records · Wall Street Journal · MOJO · Library of Congress · Irish Times · Down Beat