Keith Flint llevaba dos discos bailando en el escenario. No había cantado nunca.
Un día llegó al estudio de Liam Howlett, el compositor y cerebro del grupo, cuando este llevaba apenas un minuto de backing track escrito. Flint escuchó el beat. Algo le pasó. Howlett lo vio y le dijo: «Si puedes enfocar esa energía y hacerlo en serio, hagámoslo en un tema.» Flint grabó sus primeras voces. Eso fue Firestarter.
Para el vídeo rodaron en un túnel de metro londinense en desuso. El equipo llevaba máscaras de papel por el polvo. Flint, que tenía que cantar durante las doce horas de rodaje, respiró ese polvo toda la jornada. Antes habían gastado cien mil libras en un primer vídeo que desecharon porque no les convenció; el túnel fue la solución de urgencia.
Howlett construía sus canciones con un método que quizá explica por qué puso a un bailarín al frente del disco más esperado de su carrera: extraía secciones rítmicas de soul y funk oscuro de vinilos originales, las deformaba hasta hacerlas irreconocibles y las reinsertaba en un contexto nuevo. Fragmentos arrancados de su lugar de origen y convertidos en otra cosa. El propio título del álbum funciona igual: The Fat of the Land es una frase atribuida a Hermann Göring que la prensa británica usó para acusarle de nazismo. Howlett no se disculpó ni retiró el título. Dijo que lo había usado como un sample.
El disco debutó número 1 simultáneamente en el Reino Unido y en el Billboard 200 de Estados Unidos. Vendió más de doscientas mil copias en su primera semana al otro lado del Atlántico.
Flint murió en marzo de 2019. Tenía cuarenta y nueve años.
Síntesis con IA a partir de
theprodi.gy (sitio oficial de The Prodigy) · NME · Radio X · Louder Sound · MusicTech · en.apoplife.nl · BBC News