Hay discos que se hacen para sentirse mejor. Este se hizo para sentirse peor.
Everett llevaba años presentándose al mundo como «E»: un alias, una barba, una distancia calculada entre él y quien escuchaba. Cuando en 2013 convocó a su banda en el estudio de Los Feliz para grabar un grupo de canciones altamente personales, el proceso le resultó tan incómodo que paró. Salió. Hizo otro disco —Wonderful, Glorious, espontáneo y eléctrico— y se fue de gira 73 noches.
Al volver, escuchó lo que había dejado atrás. «Lo escuché y me hacía sentir incómodo», declaró, «pero no lo suficientemente incómodo.» Descartó más de la mitad. Escribió canciones nuevas. El criterio de selección era el malestar: si no le costaba cantarla, no entraba.
La primera vez que tuvo que cantar esas canciones delante de los músicos de la banda, lo describió como «lo peor».
El disco documenta la ruptura de una relación que él mismo decidió terminar, y el arrepentimiento que vino después. Mojo lo resumió como la «asquerosidad propia» de Everett en las relaciones. Y por primera vez en su carrera, su cara sin ocultar y su nombre completo —Mark Oliver Everett, no «E»— aparecen en la portada.
Años después confesó a The Skinny que ver esa portada todavía le provoca una reacción visceral. «Siento que quizás fui demasiado lejos con el lado personal; casi me arrepiento.»
El disco salió en abril de 2014. Eels no publicó nada durante cuatro años. «Llegué a pensar que quizás había terminado», dijo, «que nunca volvería a trabajar.»
Quizá el problema no fue haber ido demasiado lejos. Quizá fue que, al poner su nombre en la portada, ya no había ningún «E» detrás del que esconderse.
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