En algún momento de 2013, Mark Oliver Everett convocó a su banda en el estudio de Los Feliz y empezó a grabar un grupo de canciones altamente personales. El proceso le resultó tan incómodo que paró. Meses después, tras una gira de 73 conciertos, volvió a escuchar lo grabado. Su conclusión fue que no le hacía sentir suficientemente mal.
Descartó más de la mitad de las canciones. Escribió otras nuevas con un criterio claro: tenían que generarle más malestar que las anteriores. Luego tuvo que cantarlas por primera vez delante de los músicos de su banda.
Sobre ese proceso, declaró: «Es lo peor. Hacer un disco como Wonderful, Glorious es la posibilidad más divertida [...] este disco es el enfoque contrario, y realmente no es nada divertido para mí.»
El disco documenta una ruptura sentimental —la misma que ya había rozado en End Times (2010), grabado en un 4-pistas en su sótano— pero esta vez con orquestación de cámara y producción formal. P-Boo, miembro habitual de la banda, firmó los arreglos orquestales de seis de las trece pistas con una formación acreditada como «The Cautionary Tales Orchestra». Everett tenía cincuenta años cuando lo publicó. Era también la primera vez en toda su carrera que su nombre real y su cara sin ocultar aparecían en la portada: hasta entonces se había presentado siempre bajo el alias «E» o con recursos visuales que lo oscurecían.
Años después, al ver esa portada, declaró que le provocaba una reacción visceral. Que quizás había ido demasiado lejos. Que casi se arrepentía.
Tras publicarlo, no sacó ningún álbum durante cuatro años. Llegó a pensar que quizás había terminado, que nunca volvería a trabajar.
Quizá el problema no era que hubiera ido demasiado lejos. Quizá era que había llegado exactamente adonde se había propuesto llegar.
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