En 1973, Brasil vivía el período más duro de la dictadura militar. João Ricardo había formado la banda con Gerson Conrad y necesitaban un cantante. Encontraron a Ney Matogrosso actuando en teatro experimental, con su voz imposible y su presencia andrógina que desafiaba todos los códigos de masculinidad del régimen.
El disco se grabó en São Paulo con Zé Rodrix de Som Imaginário en los teclados y Willy Verdaguer en el bajo. Ricardo había compuesto las canciones mezclando poemas de grandes autores brasileños con ritmos populares y arreglos de rock progresivo. "Rosa de Hiroshima" usa un poema de Vinícius de Moraes sobre la bomba atómica, "O Vira" adapta una danza folclórica portuguesa. La producción tenía que sonar sofisticada sin perder la rugosidad del rock.
Cuando salió el disco, la imagen de tres hombres maquillados causó escándalo y fascinación a partes iguales. Vendió más de un millón de copias en un país donde hablar de libertad era peligroso. La banda se convirtió en símbolo de resistencia cultural sin decir una palabra política directa. Todo estaba en los gestos, en esas voces que no encajaban en ningún molde establecido.