Cuando Pablo Díaz-Reixa, músico canario afincado en Barcelona, terminó Alegranza en 2007 con un ordenador portátil y samples de percusión afrolatina, nadie esperaba que su siguiente paso fuera más oscuro y más construido. Pop Negro llegó en 2010 con una producción radicalmente más densa: capas sobre capas de sintetizadores, voces procesadas hasta volverse textura, y una batería electrónica que a veces suena a drum and bass y a veces a cumbia desacelerada.
Lo que distingue el disco es la forma en que Díaz-Reixa trata su propia voz. No canta para ser entendido: canta para ser escuchado como un instrumento más. Las letras en español quedan enterradas bajo reverb y pitch-shifting hasta que las palabras pierden peso semántico y ganan peso físico. Es una decisión que aparece documentada en entrevistas de la época: quería que el español sonara tan extraño como el inglés suena para quien no lo entiende.
El disco se grabó y produjo íntegramente en Barcelona, con Díaz-Reixa como productor único. XL Recordings, el sello británico que lo fichó, le dio libertad total, lo que explica que Pop Negro no suene a ningún otro lanzamiento del catálogo del sello ese año. La mezcla de referencias —baile tropical, electrónica europea, pop experimental— no busca síntesis: busca fricción.