Javier Colina, contrabajista, llegó a la música cubana antes de que fuera una decisión artística. «Mi madre, de lo poco que cantaba, eran canciones cubanas», declaró años después. Ese repertorio —el filin de los años cuarenta y cincuenta, donde el bolero se cruza con las armonías del jazz estándar— no lo aprendió: lo heredó.
En 1994 estuvo en La Habana trabajando con músicos cubanos. En 2003 tocó el contrabajo en Lágrimas Negras, el disco de Diego El Cigala y Bebo Valdés que llevó ese mundo a Europa. En 2004 grabó su primer disco como líder, Si Te Contara, en Cuba. Cuando encontró a Sílvia Pérez Cruz, llevaba más de una década con ese material en las manos.
Lo que le dijo fue sencillo: «aquí tienes unas canciones, no las estudies, solo escúchalas». Cuatro años después de ese encuentro, el 18 de enero de 2011, entraron juntos al estudio Cata de Madrid y grabaron el disco en una única sesión de pocas horas.
El disco se grabó el 18 de enero de 2011 en los estudios Cata de Madrid, en una única sesión de pocas horas.
Pérez Cruz era entonces prácticamente desconocida fuera de Cataluña; ese mismo año dejó el grupo Las Migas, del que había sido cofundadora y voz solista desde 2004, para emprender carrera en solitario. El disco la lanzó a la atención nacional.
Cinco años más tarde, Universal reeditó el álbum con tres canciones nuevas y un DVD del concierto en el Palau de la Música Catalana. Para grabarlas, Colina y Pérez Cruz volvieron al mismo estudio Cata, con la misma formación. Como si hubiera una sola sesión que aún no había terminado.
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