Saúl Hernández, vocalista y compositor de Caifanes, lo dijo sin rodeos años después: la decadencia de la banda empezó a gestarse durante la grabación de este disco. Nadie se daba cuenta, pero la fractura ya estaba latente. Las canciones compuestas durante la gira anterior llegaron al estudio con esa carga: «Nos vamos juntos» la escribió para sus compañeros como una promesa en medio de la tormenta; «No dejes que…» la describió él mismo como un grito de auxilio íntimo.
Para producir el disco, RCA les dio carta blanca en la elección de productor. Eligieron a Adrian Belew, guitarrista de King Crimson, que grabó con ellos en Wisconsin. Belew no solo produjo: tocó guitarra en «Piedra» y su huella se oye con más claridad en «Tortuga», «Hasta morir» y «Vamos a hacer un silencio», donde las texturas se vuelven más angulosas y experimentales. Al mismo tiempo, el disco incorpora instrumentos que no habían aparecido antes en su música: Alejandro Marcovich tocó requinto jarocho y Diego Herrera, saxofonista y teclista de la banda, añadió jarana. El rock alternativo que venían haciendo desde sus inicios con influencias británicas —The Cure, Joy Division— empieza aquí a sonar genuinamente mexicano.
«Hasta morir» tiene una historia particular: es una canción de Insólitas Imágenes de Aurora, el grupo que Saúl, Alfonso André y Alejandro Marcovich habían formado antes de Caifanes, entre 1984 y 1987. Recuperarla aquí, en el disco que cierra la alineación clásica del quinteto, tiene algo de círculo que se cierra antes de que nadie lo supiera.