José Manuel Aguilera y Federico Fong llegaron a Guadalajara en Semana Santa de 1995 con canciones pero sin nombre de grupo, sin conciertos previos y sin baterista confirmado. Grabaron en Oigo Estudios, en Zapopan, con el ingeniero Tuti Perales. El disco existía antes de que existiera la banda.
El baterista Alfonso André entró al proyecto casi al final del proceso. Aguilera y Fong lo conocían de sus años en Caifanes —Aguilera como músico invitado en la gira de El nervio del volcán, Fong desde la grabación del mismo disco— y André encajó de forma natural. Lo curioso es que los tres, justo cuando El Fuego de la Noche salía al mercado en abril de 1996, estaban también en Jaguares grabando El equilibrio de los jaguares con Saúl Hernández. Dos debuts simultáneos, dos identidades en paralelo.
Esa doble vida tuvo consecuencias concretas: la visibilidad de Jaguares colocó a La Barranca en MTV Latino y en Radioactivo 98.5 casi de inmediato, con El Alacrán como sencillo. Pero el sonido del disco no debe nada a esa exposición —fue producido por la propia banda, mezclado en San Diego y masterizado en Los Ángeles, con voces dobladas en distintas sesiones en Ciudad de México. El resultado es un trío de guitarra, bajo y batería al que se suman violonchelo, saxos, trompeta, percusiones mexicanas y hasta una risa grabada acreditada simplemente como «Concepción». Aguilera dijo en 2025 que este disco «define muchos sitios en la personalidad de la banda». Se nota: todo lo que La Barranca haría después ya está aquí en borrador.