En 1994, Mano Negra —la banda de rock mestizo de Manu Chao— intentó arrastrar un vagón de ferrocarril por las calles de Bogotá para tocar en la plaza principal. El ejército colombiano intervino. Al volver a Europa, la banda se disolvió. Al mismo tiempo, Chao perdió también una relación larga. Según el biógrafo Peter Culshaw, las dos pérdidas juntas lo dejaron en un estado de depresión.
No tenía intención de volver a grabar. Durante los tres años siguientes viajó sin plan entre México, Brasil, Senegal, Francia y España, tocando en bares de Tijuana y Río de Janeiro. Llevaba consigo un portátil con el que iba capturando sonidos de la calle, fragmentos de canciones, retazos de emisiones de radio y telenovelas. En los créditos del álbum ese dispositivo aparece nombrado como «Estudio Clandestino».
En el verano de 1997 se sentó en París con el productor Renaud Letang a ordenar el material. Tenían unas cincuenta canciones y fragmentos. El disco estaba concebido con una fuerte presencia electrónica, bases de baile dominando el sonido. Entonces, durante la mezcla en Studio Ferber, Letang silenció por error todas las baterías electrónicas mientras trabajaba en una canción difícil. El resultado sin baterías les pareció más atractivo que el original, y rehízo todo el disco en esa dirección.
Las radios comerciales francesas —NRJ, RTL2, Europe 2— rechazaron programarlo: las canciones no entraban en su formato. En septiembre de 2000, en Praga, un millar de activistas marcharon con armadura improvisada hacia un puente custodiado por tanques, con un equipo de sonido emitiendo Clandestino a todo volumen. Miles de personas de decenas de países cantaron el estribillo de la canción titular.
Quizá el rechazo radiofónico y el himno político sean la misma cosa vista desde dos orillas: el sonido que no cabía en ningún formato era exactamente el que no pertenecía a ningún sitio, igual que las personas que nombra la canción.
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The Irish Times · Remezcla · Gearspace · Discogs · Rolling Stone · AllMusic · Mondosonoro