En 2008, Xoel López era uno de los artistas más radiados en España. Tenía dos discos pendientes con EMI. Los dejó sin grabar.
Lo que planeó como un descanso de dos meses se convirtió en más de dos años cruzando Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Colombia, Venezuela, República Dominicana, Cuba, Nicaragua, México y Estados Unidos. Fue con una guitarra y algunos amigos. El objetivo declarado era recomponer la carrera desde el anonimato. «Llevaba un ritmo muy frenético. Creo que llegó a saturarme», explicó después.
En Brasil tocó la noche de Fin de Año en la playa de Fortaleza ante más de un millón de personas, dentro de un homenaje a Legião Urbana. Fue el concierto más multitudinario de su carrera hasta ese momento. En cada país contactó con músicos locales de forma casi espontánea. Cuando volvió a España, en octubre de 2010, convocó a cerca de treinta de ellos —entre los que estaban integrantes de Legião Urbana, músicos dominicanos, argentinos y portugueses— para tres conciertos bajo el nombre La Caravana Americana. Era la primera vez que todos compartían escenario al mismo tiempo.
El disco que salió de ese viaje se grabó entre A Coruña y Buenos Aires. Xoel lo llamó «criollo»: nacido en España y criado en Latinoamérica. Declaró: «Estando tan lejos me han salido cosas bastante más españolas que antes. Me rencontré con mi lugar de origen mientras me fascinaba con músicas nuevas». Lo editó bajo su propio nombre —la primera vez que no usaba el seudónimo Deluxe— y a través de su propio sello, porque con EMI ya no había contrato que cumplir.
En la presentación en el estadio de Riazor, alguien del público gritó que aquello sonaba a Juan Luis Guerra. El comentario no era un elogio. Xoel había declarado que era, posiblemente, su disco más personal. Puede que ambas cosas fueran exactamente la misma.
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