Benjamin Clementine creía que se llevaba bien con la soledad. Vivía en las montañas de Santa Mónica cuando llegó el confinamiento, y fue entonces cuando descubrió que no: «Necesito gente a mi alrededor», declaró. Esa revelación fue el punto de partida de And I Have Been.
Pero el disco no se quedó en el aislamiento. Mientras lo escribía, Clementine tuvo un hijo con su esposa, la cantante Flo Morrissey. El acontecimiento sacó a la superficie traumas del pasado y le llevó a consultar a varios terapeutas. «Y en ese proceso, como artista, escribes lo que atraviesas», dijo. El resultado es el primer álbum en el que canta sobre el amor, algo que él mismo describe como «extraño» para él: «Es la primera vez que he experimentado esto que llaman amor.»
Lo escribió, interpretó, produjo y mezcló solo, grabándolo en cuatro estudios distintos entre California y Londres. Sin colaboradores externos, el disco es también un ejercicio de control total sobre un material que, por su propia naturaleza, se le escapaba de las manos.
El álbum es la primera entrega de una trilogía ya escrita y grabada en su totalidad: amor, responsabilidad y esperanza, en ese orden. Clementine ha sugerido que, al terminarla, podría abandonar la música para dedicarse a la actuación —Denis Villeneuve ya le llamó directamente para ofrecerle un papel en Dune sin necesidad de audición.
La trilogía, por ahora, sigue incompleta en lo que respecta a su publicación.
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